#Entran_dos_ranas_y_una_lagartija_a_un_consultorio_oncológico 230626 2/3 (Parte 1/3 en https://t.me/akashacomunidad/4281) Definitivamente, es mucho más interesante (aunque más complejo) plantear un escenario en el que la presencia de una bacteria específica no es la “causa” de una enfermedad (como, por ejemplo, Helicobacter pylori que la medicina moderna asocia con úlceras gástricas y, en ocasiones, cáncer), sino que 1) está presente mucho más frecuentemente de lo que se pensaba, sin que se asocie a ningún proceso patológico, y 2) cuando incrementa su abundancia nos puede reflejar que hay otros factores que alteraron la ecología de su población, y que cuando eso pasa, el daño y la transformación del tejido son más frecuentes. ¿Ven cómo es más complejo esto que solo decir “unga unga: tienes Helicobacter así que si no lo quitamos te dará cáncer”? Es más complejo porque nos obliga a repensar en los microorganismos desde una mirada ecológica y eso deja mal parada a la medicina alopática que es muy, pero muy “anti” (anti todo: anti inflamatorios, anti bióticos, anti acidez…. ¿anti humano?) en vez de ser reguladora y estimular un regreso a la eubiosis (es decir, al equilibrio entre nosotros y esos organismos). Claro, desde esta mirada ecológica, no es posible promocionar la mayoría de los productos que promociona (incansablemente) la farmafiacéutica. Esto que les escribo, a muchos les sonará familiar: en realidad, se ajusta perfectamente al pensamiento de Bechamp y Bernard (al menos en cuanto a su visión sobre la importancia del “terreno” en las enfermedades y el papel oportunista de los microorganismos), y también se ajusta – al menos parcialmente – a los fundamentos de la Nueva Medicina Germánica. Claro está que los autores del estudio que comparto hoy con ustedes no están hablando sobre el terreno ni sobre la nueva medicina germánica. ¡Es probable que ellos ni siquiera sepan sobre eso! Y, en realidad, eso es de lo que más me gusta del estudio y sus implicaciones: la ciencia, conforme avanza, está permitiendo que comprendamos cosas que cuando se dijeron no tenían la forma de ser demostradas. Los autores explican en su introducción que cada vez hay más evidencia de que la composición de la microbiota intestinal está relacionada con la biología del cáncer, tanto a nivel de incrementar el riesgo al influir en la transformación celular o en la progresión de la neoplasia, como a nivel de conferir cierta protección o crear sinergia con terapias actuales. Desde la promoción de la inflamación crónica, los efectos genotóxicos directos sobre las células cancerígenas, la reprogramación del microambiente tumoral o la modulación del sistema inmune, muchos microorganismos juegan un papel importante en el cáncer. Ponen un ejemplo específico: algunas especies bacterianas del intestino incrementan la eficacia de la inmunoterapia a través de mecanismos diversos (y fascinantes, la verdad) con los que interactúan con el sistema inmune. Evidentemente, esto ha generado interés en pensar en los microorganismos como parte de terapias anticáncer. Antes de que digan “¡Genial! solo hay que inyectar un poco de heces en un tumor para que desaparezca!” (¡no lo hagan, por favor!), es importante dejar claro que no es tan sencillo encontrar formas de utilizar a esas bacterias de forma terapéutica. Es importante asegurar que no habrá reacciones de toxicidad (hasta septicemia) o inflamación descontrolada si ponemos una bacteria intestinal en otra parte del cuerpo. Hay, actualmente, aproximaciones terapéuticas experimentales que utilizan bacterias (que fueron modificadas por ingeniería genética) como Escherichia coli, Listeria monocytogenes, y Salmonella que han identificado claramente esos riesgos a la salud. (Continúa en https://t.me/akashacomunidad/4283)
23 черв., 20:59Ще з @akashacomunidad