#ArPEGios_deleznables 210726 1/3
Estimados miembros de Akasha Comunidad:
Acaba de ser publicado un estudio que me interesó mucho por varios motivos. El primero, por sus implicaciones (que en un momento explicaré); el segundo, porque me recordó la infausta conversación (se supone que iba a ser un debate; hmmm... bueno, no debiera extrañarme que en un mundo en el que uno puede decidir 'por sus pistolas' que una gacela es en realidad un venado, a una verborrea se le pueda llamar debate) que sostuve con la Dra. Sonia Mayra Pérez Tapia y el Dr. Ramón González (pueden ver un poco más sobre esto en: https://t.me/akashacomunidad/1191). Una de las cosas que yo les explicaba a los dos honorables defensores de la farmafiacéutica era que la aplicación masiva de estos productos que habían recibido autorización por emergencia y que seguían en etapa experimental (no habían concluido la etapa clínica 3 cuando comenzaron a aplicarse masivamente) era incorrecta, porque no había forma de saber cuáles serían los efectos nocivos – a corto, mediano y largo plazo – en personas que variaban enormemente en su fisiología, sus enfermedades concomitantes, sus hábitos de vida, etc. Y en ese momento – diciembre de 2020 – ni siquiera estaba refiriéndome al elemento central de estas inyecciones genéticas (el ARNm sintético modificado en nucleósidos presente en Pfizer y en Moderna), sino a los otros elementos listados por las mismas farmacéuticas, como el polietilenglicol (PEG), que se sabe que puede provocar reacciones alérgicas graves, sobre todo en personas que ya tienen anticuerpos contra él. Los dos horrorables se burlaron de esa preocupación expresada, a pesar de que yo les presenté evidencia científica al respecto.
Lamentablemente, no estaba equivocada. Apenas meses después de que iniciara la aplicación masiva de las inyecciones genéticas, comenzaron a registrarse casos de anafilaxias post-vacunación, con 113 publicaciones al respecto entre 2021 y 2022. Compruébenlo ustedes mismos, si tienen curiosidad: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=anaphylaxis+AND+%28moderna+or+pfizer%29+AND+%22vaccine%22&filter=years.2021-2022&sort=date.
Ahora, el artículo más reciente al respecto es el que se titula (traducido del inglés) “Anticuerpos anti-PEG de las vacunas COVID-19 de ARNm afectan las mediciones in vitro de los niveles de fármacos pegilados”. Este estudio, realizado por Svyatova et al. (https://ascpt.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/cts.70667), investigó la presencia de anticuerpos contra el PEG en el suero de 122 personas que habían sido vacunadas contra SARS-CoV-2, y exploró el impacto de estos anticuerpos con el nivel de fármacos que contienen PEG. Contaban con suero de algunas de esas personas previo a la vacunación como controles, y también con suero de personas previo a la pandemia (en total, tenían suero de 138 personas no vacunadas). Los grupos de estudio fueron hechos de acuerdo con el estatus de vacunación (inyectado vs. no inyectado), y con el tipo de inyección recibida (Moderna, Pfizer o Janssen).
Un detalle interesante: indican que utilizaron suero humano “comercialmente disponible”, que fue colectado en un solo momento en el tiempo o de forma serial después de la vacunación anti-COVID. Un momento; ¿comercialmente disponible? Si. Eso significa que Svyatova y colaboradores compraron el suero de compañías biotecnológicas o repositorios de muestras. Más abajo pueden ver que lo compraron de Access Biologicals, de California; RayBiotech, de Georgia; Boca Biolistics, de Florida; BioIVT, de Nueva York, Precision for Medicine, de Maryland, e Innovative Research, de Missouri. No es tan común, pero puede hacerse y, en teoría, la gente que dona (¿vende?) su sangre o suero a estas empresas, dan consentimiento informado para que se use en investigación, desarrollo o lo que sea. Como no indican nada sobre bioética ni consentimiento informado en el artículo, no puedo saber si es así. Digamos que es como un vacío legal en la ética científica. (Continúa en https://t.me/akashacomunidad/4289)